Hoy, 2 de abril, se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una fecha instaurada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre el autismo y promover el diagnóstico precoz, el apoyo, la aceptación y la inclusión, garantizando los derechos y mejorando la calidad de vida de las personas con autismo.
Desde el movimiento asociativo del autismo en España, en coordinación con Autismo Europa, se ha iniciado la campaña #SomosInfinitos, una iniciativa a través de la cual se recuerda que las personas con autismo no son invisibles y que no hay dos iguales. Tal y como señalan, en España, se estima que 1 de cada 100 personas está en el espectro del autismo, lo que supone cientos de miles de personas con realidades y necesidades diversas; sin embargo, a pesar de esta significativa presencia en nuestra sociedad, el conocimiento sobre el autismo y el reconocimiento de sus derechos todavía son insuficientes.
La campaña destaca la variabilidad existente dentro del espectro del autismo, para concienciar a la ciudadanía de que cada persona con autismo es única, tiene sus propias necesidades, capacidades e intereses. Por ello, también cada una de ellas necesita unos apoyos especializados y adaptados a su situación personal y a cada etapa de su ciclo vital, siendo clave aquí una mayor implicación de todos los agentes sociales que trabajar.

Con motivo de este Día Mundial, recogemos un artículo publicado en la revista Counselling and Psychotherapy Research y desarrollado por psicólogos austríacos, a través del cual se abordan las diversas intervenciones psicológicas en autismo así como la importancia de adaptarlas a las necesidades específicas de cada persona, poniendo de relieve, a su vez, los beneficios del enfoque de afirmación de la neurodiversidad.
Tal y como lo definen los autores, el autismo es un trastorno persistente del neurodesarrollo, caracterizado por patrones únicos de interacción social, comunicación, comportamientos repetitivos y sensibilidades sensoriales, junto con posibles síntomas relacionados, como déficits en el lenguaje funcional y el desarrollo cognitivo. Además, suele ir acompañado de comorbilidades psicológicas, siendo los trastornos del estado de ánimo, como la depresión y la ansiedad, los que se asocian más comúnmente con el autismo.
Si bien tradicionalmente, los rasgos autistas se han venido enmarcando dentro de un modelo médico (p. ej., la CIE-11), considerándose en términos de déficits y síntomas clínicos, el emergente paradigma de la neurodiversidad sugiere que estos rasgos son variaciones naturales de la diversidad neurológica, abogando por la aceptación en lugar de la patologización. Este enfoque de la neurodiversidad no propone una clasificación diferente de los rasgos del autismo ni cuestiona las características enumeradas en la CIE-11, sino que las interpreta de forma diferente, es decir, «como no-patológicas».
Una parte significativa de la teoría, la práctica y la investigación se ha realizado sin incorporar las perspectivas y opiniones de las personas con autismo
Para los autores del artículo, desde esta perspectiva, se evidencia un «patrón de injusticia epistémica en la literatura existente sobre intervenciones psicológicas en el campo del autismo», dado que una parte significativa de la teoría, la práctica y la investigación se ha llevado a cabo sin incorporar adecuadamente las perspectivas del autismo.
A este respecto, la injusticia epistémica se produce cuando ciertos grupos son excluidos sistemáticamente de poder contribuir con sus conocimientos y experiencias a los campos de investigación que los afectan directamente. Esta exclusión resulta en una comprensión distorsionada del autismo y de las prácticas, que pueden no estar alineadas con las necesidades y valores de estas personas.
Los enfoques estándar, como los métodos orientados al comportamiento como el análisis del comportamiento aplicado (ABA, por sus siglas en inglés) o el entrenamiento en habilidades sociales, se presentan ampliamente como basados en evidencia, por su eficacia para mejorar las habilidades sociales, la comunicación y el reconocimiento de emociones, a la vez que reducen las conductas problemáticas y mejoran las habilidades adaptativas.
No obstante, a pesar de su uso generalizado, los autores indican que estos enfoques se han desarrollado en gran medida desde la perspectiva de personas sin autismo sin contar con la aportación de aquellas que con autismo, lo que ha llevado «a una representación excesiva del autismo en un modelo médico, en el que los rasgos autistas se entienden como síntomas clínicos», enfatizando la reducción de los rasgos centrales, lo que podría «socavar su bienestar y, por lo tanto, presentar importantes desafíos éticos».
Las intervenciones psicológicas tradicionales se han cuestionado por suprimir o enmascarar los rasgos centrales del autismo, obligando a estas personas a ajustarse a estándares neurotípicos
De hecho, estas intervenciones psicológicas han recibido importantes críticas, entre ellas, el hecho de que no reducen realmente los rasgos centrales, sino que los suprimen o enmascaran, «obligando a las personas con autismo a ajustarse a estándares neurotípicos». Aunque estos métodos pueden provocar cambios conductuales superficiales, se cuestionan por «descuidar con frecuencia las necesidades intrínsecas y el bienestar» de las personas con autismo.
Asimismo, la supresión de los rasgos autistas centrales suele fomentar el camuflaje social, un mecanismo de afrontamiento mediante el cual las personas con autismo, suprimen y ocultan «con un esfuerzo considerable», sus comportamientos para cumplir con las expectativas sociales y encajar con las normas sociales neurotípicas. Implica tanto la supresión de conductas autistas, como las autoestimulantes, como el desarrollo de conductas compensatorias para desenvolverse en situaciones sociales.
Este camuflaje puede crear una apariencia de adaptación, pero se vincula estrechamente con consecuencias negativas como el agotamiento, la sensación de falta de autenticidad y el aislamiento social, que, a su vez, constituyen factores de riesgo para el desarrollo de problemas psicológicos, como depresión, ansiedad, síndrome de burnout, trastorno de estrés postraumático (TEPT) y otros efectos perjudiciales para la salud mental, el bienestar y la calidad de vida.
Es clave contar con intervenciones orientadas a promover el bienestar y la calidad de vida de las personas con autismo, respetando su neurodiversidad
Además del camuflaje social, los problemas sociales contribuyen de forma significativa al desarrollo de comorbilidades en personas con autismo. Estas incluyen la estigmatización social, la falta de aceptación, la comprensión insuficiente del autismo por parte de los demás, el acoso escolar y el trauma social. Otros factores relacionados con el/la paciente -como la irritabilidad, la falta de identificación grupal, la sensibilidad y la evitación sensorial, la percepción de falta de control sobre la propia vida, el desempleo, el aislamiento o las disfunciones ejecutivas- y el diagnóstico tardío, también se relacionan con el desarrollo de comorbilidades.
El artículo expone que no hay una evidencia concluyente en torno a la relación entre el bienestar de las personas con autismo y la gravedad de sus rasgos centrales, mientras que sí parece depender más significativamente del grado en que las personas con autismo se sienten comprendidas, aceptadas y apoyadas en un entorno social inclusivo.
De este modo, para poder promover el bienestar y la calidad de vida de estas personas, respetando su neurodiversidad, es fundamental contar con intervenciones orientadas a abordarlas, en lugar de intentar modificar los rasgos centrales. A juicio de los autores, mientras que las intervenciones dirigidas a los rasgos centrales del autismo «no solo no abordan adecuadamente los problemas de salud mental, sino que también pueden exacerbarlos», los enfoques que afirman la neurodiversidad «son menos controvertidos desde el punto de vista ético», ya que buscan mejorar la salud mental sin alterar rasgos inherentes a la identidad autista.
Intervenciones psicológicas centradas en las comorbilidades y la salud mental
Hay diversas intervenciones psicológicas que no se centran en los rasgos centrales del autismo, sino en sus comorbilidades, con el objetivo de mejorar el bienestar de estas personas, alineándose más estrechamente con los principios de la neurodiversidad.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) se emplea con frecuencia como intervención para el manejo de problemas psicológicos como la ansiedad y la depresión. A este respecto, estudios cualitativos indican que las personas con autismo prefieren la TCC cuando se adapta a sus necesidades específicas, detectándose mejoras en la ansiedad y los síntomas depresivos cuando se introducen adaptaciones específicas para el autismo en la terapia cognitivo-conductual. Estos hallazgos subrayan la importancia de la personalización y el contexto en la aplicación de la TCC a personas con autismo.
Por otro lado, los metaanálisis y las revisiones sistemáticas sugieren que las intervenciones basadas en mindfulness pueden ser también eficaces para reducir la ansiedad y la depresión, y para mejorar el bienestar en personas con autismo.
Los autores recogen una serie de aspectos críticos relacionados con los estudios que abordan los problemas psicológicos en personas con autismo, como el no abordar las distintas formas en que la depresión se manifiesta en personas con autismo o el uso y desarrollo de herramientas estandarizadas para evaluar la depresión para poblaciones neurotípicas, lo que implica que pueden no captar adecuadamente las características específicas de los síntomas depresivos en personas con autismo, como la sensibilidad sensorial aumentada o patrones únicos de retraimiento social. Esta discrepancia entre las herramientas de medición y las experiencias vividas por las personas con autismo, «no solo complica la interpretación, sino que también puede resultar en un subregistro o una caracterización errónea de la eficacia de la intervención».
Otro punto crítico se refiere es la discrepancia en los métodos de evaluación de resultados, donde los resultados informados por los/as profesionales clínicos/as a menudo se priorizan sobre los autoinformes de los/as participantes con autismo, lo que puede generar «una posible dependencia excesiva de las observaciones de terceros, que podrían reflejar cambios de comportamiento externalizados sin captar las experiencias internas ni el bienestar subjetivo».
Los beneficios del enfoque de afirmación de la neurodiversidad
Dado lo expuesto, los autores manifiestan que adoptar un enfoque de afirmación de la neurodiversidad implica diseñar intervenciones psicológicas más adecuadas para las personas con autismo, respetando sus formas únicas de ser (en lugar de intentar modificarlas para que se ajusten a los estándares sociales normativos), considerando las características del autismo como diferencias humanas no patológicas y destacando sus capacidades y fortalezas en lugar de los posibles déficits.
Centrarse en las comorbilidades psicológicas en lugar de en los rasgos centrales del autismo puede ser una forma más eficaz de lograrlo, ya que los síntomas comórbidos, a diferencia de los rasgos de autismo, no se consideran parte inherente de la identidad. Es crucial, por lo tanto, desarrollar intervenciones adaptadas a las necesidades diversas y específicas de las personas con autismo, incorporando evidencia científica que refleje sus características, preferencias y antecedentes culturales únicos.
En este sentido, las investigaciones al respecto señalan que los/as psicólogos/as eficaces son los que comprenden el autismo, adoptan un enfoque flexible y basado en las fortalezas, y facilitan la autoaceptación, al ayudar a sus pacientes a sentirse escuchados/as y validados/as. También es clave implementar adaptaciones prácticas para pacientes con autismo, como la reducción de las demandas sensoriales, la aclaración de expectativas y el fomento de la colaboración sistémica con las familias y los servicios de atención. Estos hallazgos enfatizan la necesidad de prácticas terapéuticas que se alineen con las experiencias vividas de estas personas, garantizando que las intervenciones sean efectivas y respetuosas de su identidad, sin comprometer ni patologizar las características intrínsecas que la definen.
Las intervenciones deben estar adaptadas a las necesidades diversas y específicas de las personas con autismo
Como bien recoge el artículo, diversos estudios abogan por el uso de métodos fenomenológicos para validar las experiencias vividas de las personas con autismo y garantizar que los objetivos terapéuticos se alineen con sus perspectivas. Es clave crear entornos predecibles para reducir la ansiedad, fomentar las habilidades relacionales y facilitar el cambio. Los/as profesionales clínicos/as deben centrarse en la gestión de las relaciones terapéuticas dentro de un contexto intersubjetivo, haciendo hincapié en la autoconciencia, la regulación emocional y la resiliencia como objetivos clave de intervención. Estas prácticas se alinean con los principios de la neurodiversidad, priorizando las necesidades individuales sobre la adaptación social.
Los enfoques de afirmación del autismo requieren también que los/as profesionales de la Psicología «trasciendan los paradigmas tradicionales e integren la humildad cultural»: un compromiso con la autorreflexión continua y el aprendizaje de las propias personas autistas, abordando así los sesgos arraigados en las normas culturales dominantes, y garantizando una auténtica interactuación con los/as pacientes con autismo.
El artículo concluye reiterando la necesidad cambiar el enfoque terapéutico en el abordaje del autismo: en lugar de intentar modificar a la persona con autismo reduciendo sus rasgos, es esencial abordar las comorbilidades psicológicas y fomentar una identidad autista coherente, modificando el entorno circundante cuando sea necesario y desarrollando estrategias para mejorar su interacción con el entorno, con un enfoque principal en el bienestar, mejorando así la salud mental y la aceptación de las personas con autismo.
Fuente: Graf‐Kurtulus, S., & Gelo, O. C. (2025). Rethinking psychological interventions in autism: Toward a neurodiversity‐affirming approach. Counselling and Psychotherapy Research, 25(1), e12874. DOI: https://doi.org/10.1002/capr.12874