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Según el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2019), el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) por parte de los niños y adolescentes entre 10 y 15 años está muy extendido. Alrededor del 90% de los menores usan el ordenador, dos de cada tres jóvenes disponen de un teléfono móvil propio y tienen acceso a internet. Las estadísticas muestran que las niñas usan en mayor medida las nuevas tecnologías y a medida que avanza la edad, se observa un mayor uso de TIC, sobre todo a partir de los 13 años. Como consecuencia, el acceso masivo de los adolescentes a las redes sociales e internet a través de las TIC ha facilitado la proliferación de conductas dirigidas a contactar con menores de edad para involucrarlos en situaciones que atentan contra su integridad física. |
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El acoso sexual infantil se ha propagado exponencialmente, intercambiando a través de la webcam imágenes eróticas, que pueden ser utilizadas posteriormente como objeto de chantaje, y promover actividades de riesgo como el sexting, grooming o la prostitución infantil (Graciela, Estefenon, & Eisenstein, 2015). El abuso sexual infantil a través de las TIC, también conocido como grooming online, consiste en establecer una relación basada en la confianza entre un menor y un adulto que utiliza las TIC para solicitar y explotar a los jóvenes con fines sexuales de forma reiterada (Wachs, Wolf, & Pan, 2012). En muchas ocasiones, se produce a través de imágenes que han sido enviadas por los adolescentes, conocido como sexting (Menjívar, 2011), y que han sido interceptadas por adultos que las utilizan para iniciar una relación abusiva con los menores (Peris & Maganto, 2018). Habitualmente, primero, el adulto establece lazos emocionales con el menor y obtiene sus datos personales; después consigue que el menor se desnude o realice actos de naturaleza sexual utilizando tácticas de seducción; cuando la víctima confía en el abusador, sus intenciones se vuelven más explícitas, enviándole material pornográfico, preguntándole por sus experiencias y gustos sexuales; finalmente propone a la víctima encontrarse presencialmente, pudiendo haber situaciones de acoso o chantaje. Consideramos que comprender este proceso y conocer el origen del grooming es esencial para poder detectarlo en sus inicios y prevenir el riesgo de victimización y prostitución infantil. Con este fin se ha realizado un estudio en el que participaron 1200 adolescentes entre 12 a 16 años (50,83% chicas), procedentes de colegios del País Vasco. En la encuesta se obtuvieron datos acerca de los factores psicológicos que podían predecir el riesgo de grooming, tales como la autoestima corporal, el rasgo de personalidad de desinhibición (búsqueda de sensaciones a través de actividades sociales, diversión o sexo), el uso de estrategias de avance sexual (contacto físico, tácticas coercitivas, gestos de seducción, insinuación verbal, uso de la amenaza) y la conducta de sexting erótico-pornográfico. El sexting erótico implica un contenido sensual, insinuante y sexy con el objetivo de provocar atracción física por seducción, despertar el deseo y ser provocativo. El sexting pornográfico implica la publicación de fotografías con desnudos totales o parciales, siendo denominado por los propios adolescentes como pornografía (Gewirtz-Meydan, Mitchell, & Rothman, 2018). A continuación, se presentan los principales resultados del estudio:
En conclusión, la conducta desinhibida y la percepción de atractivo físico son factores de riesgo para ser víctima de grooming online. Esto se debe a que los adolescentes más desinhibidos y con más autoestima corporal realizan más conductas de riesgo erótico-sexual que funcionan como antecedentes de la victimización (sexting pornográfico, conductas de avance sexual directas y de coerción). El hecho de que el atractivo físico y la desinhibición sean variables de riesgo, obliga a considerar la necesidad promover la autoestima cognitiva y socioemocional por encima de la autoestima corporal. De igual modo, es necesario propiciar la mejora de la regulación emocional frente a la impulsividad y desinhibición erótica. De especial interés es conocer si la adicción a internet incide en los riesgos eróticos, así como si la supervisión y seguimiento parental de las actividades online pueden ser estrategias protectoras frente a estos riesgos. Además, estos resultados alertan sobre la necesidad de programas psicoeducativos sobre educación sexual basados en el respecto, la intimidad y el cuidado personal, que puedan actuar como factores protectores frente al grooming online. El artículo completo puede encontrarse en la revista Psicothema: Schoeps, K., Peris, M., Garaigordobil, M., & Montoya-Castilla, I. (2020). Risk factors for being a victim of online grooming in adolescents. Psicothema, 32(1), 15-23. | ||||
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